Photo Izak Smit, Director of the Center for Innovative Educational at Cape Peninsula University of Technology at Cape Town, South Africa

La tecnología como respuesta a las protestas estudiantiles

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Este artículo fue publicado originalmente el 17 de Jul. de 2017 en E-Learn Magazine. Lea la versión en inglés aquí.

En septiembre de 2015, un movimiento iniciado por estudiantes de diversas universidades sudafricanas ganó fuerza y reconocimiento mundial, luego de que el hashtag que los identificaba, #FeesMustFall, se convirtiera en tendencia. Desde entonces, las protestas de los jóvenes han interrumpido las actividades académicas por varios días, desestabilizando al país y generando una situación altamente volátil para la educación superior.

Como sucede en otros países, la crisis educativa en Sudáfrica está estrechamente ligada a los altos índices de desempleo, su indicador alcanza el 27%y se consolida como uno de los más altos en el mundo. De esta cifra, aproximadamente el 56%corresponde a jóvenes menores de 30 años.

Cuando los estudiantes se encontraron sin acceso a la educación, sin posibilidades reales de empleo y, en muchos casos, sin poder continuar con sus estudios por el aumento deliberado en los costos de las matrículas, decidieron lanzarse a la calle en busca de soluciones.

Izak Smit, director del Centro para la Tecnología Educativa Innovadora de Cape Peninsula University of Technology (CPUT), aseguró en una entrevista con E-learn que los disturbios ocasionados por los jóvenes, “se deben considerar como una oportunidad para adoptar tecnologías que apoyen el proceso académico”.

¿Cómo se llega a esto?

La CPUT se consolida como la única universidad tecnológica y como el instituto de educación superior más grande de la Provincia Occidental del Cabo, una de las nueve provincias que componen a Sudáfrica. Cuenta con más de 34.000 estudiantes, que actualmente enfrentan un gran desafío.

Debido a las interrupciones causadas por las protestas iniciales, aquellos que tenían que terminar sus estudios, a finales de 2015, tuvieron que esperar un trimestre más.

En ese entonces, la universidad manejaba sus datos de Blackboard Learn localmente. Como parte de la protesta, cientos de manifestantes se ubicaron en la fuente de alimentación de los servidores y lograron interrumpir los servicios. Por lo cual, al año siguiente, la CPUT se vio obligada a migrar a una solución externa, con el fin de evitar eventos similares en el futuro.

Entre tanto, aquellos estudiantes que no pudieron culminar sus clases en 2015 tuvieron acceso a las evaluaciones en línea, para compensar las horas perdidas. Pero a medida que las clases presenciales se reanudaron y las actividades académicas emprendieron su curso normal, los recursos virtuales se fueron disminuyendo.

Las cosas parecían ir bien en septiembre de 2016, hasta que una nueva ola de protestas se desató en la CPUT. En esta ocasión, debido a más actos de violencia y hasta incendios intencionales, algunos edificios universitarios resultaron averiados.

Para el profesor Smit, este fue el punto de inflexión para aquellas personas en la CPUT que, hasta ese momento, no habían comprendido las posibilidades del aprendizaje en línea. Y quienes vieron que, tras la implementación inicial luego de la primera ola de protestas, estas opciones sí eran viables.

Cabe resaltar que dicha universidad tiene un enfoque mixto hacia el aprendizaje, pero que no todo es en línea. Por lo tanto, esta situación les dio la oportunidad a los administradores universitarios de evaluar la posibilidad de utilizar recursos en línea, incluyendo el uso de la tecnología en la enseñanza y el aprendizaje.

Además de mitigar los impactos en caso de interrupciones severas, un enfoque mixto mejoraría la accesibilidad, la participación y la calidad de la educación. Restaurar las instalaciones físicas después de las protestas implicó tiempo, esfuerzo y costos, debido a los daños causados. Por lo cual, la tecnología devino en una solución valiosa para un ambiente difícil.

El docente también reflexionó sobre la idea que la tecnología ‘saca de apuros’. “Sin lugar a dudas es una generalización falsa, los servidores que se estropearon en la CPUT, lo pusieron de manifiesto”; sin embargo –añade– que, en un modelo mixto, la tecnología puede ser un salvavidas para las personas que tienen la voluntad y la necesidad de seguir enseñando y aprendiendo, pese a eventos inesperados.

Los disturbios pueden ser positivos cuando sirven como motor para el cambio, y en el caso de la CPUT, resultaron en la adopción y mejora de la tecnología. También fue necesario ajustar los métodos pedagógicos y adaptarlos al nuevo enfoque que se creó sobre el aprendizaje (el aprendizaje en línea).

Los docentes de la CPUT recibieron ayuda para el diseño del enfoque y se usó Blackboard Collaborate para la mayoría de las capacitaciones; esto con el fin de llegar a todos los profesores desplazados por las protestas o ubicados en lugares distantes.

Lo que logró la institución sudafricana no fue tarea fácil: pasó de tener 536 docentes y 20.000 estudiantes matriculados en la plataforma en línea, en 2015, a tener 1.037 profesores y 33.400 alumnos, a junio de 2017.

Pero como era de esperarse, la transición aún enfrenta grandes desafíos. El Gobierno nacional cuenta con una política de educación abierta y a distancia, para ampliar el acceso a la educación y depender menos del tiempo en el aula de clases, pero lo más seguro es que muchos de los estudiantes no cuenten con una conexión a Internet o el ancho de banda necesario.

Aun, si no participan en las protestas violentas, a veces están obligados a abandonar sus estudios por asuntos de conectividad. Para tal fin, las autoridades y algunos proveedores de internet están colaborando para establecer puntos de acceso a WiFi o a internet de banda ancha, para que así los estudiantes tengan la posibilidad de acceder a plataformas de aprendizaje en línea y les sea posible continuar con sus estudios.

Photos by: AFP – Rodger Bosch